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HERIDA: SUTURA Y SANACIÓN

 

A partir de una reflexión sobre el mundo animal y de esa ampliada dicotomía zoología vs. civilización (y como parte de su repercusión en el contexto del debate cultural contemporáneo), la obra que estoy desarrollando en los últimos años se organiza en torno a un apunte ecológico de declaradas dimensiones semióticas, donde los conceptos de “perversión” y de “ironía” se conjugan postulando un enunciado crítico que narra algunas de esas situaciones conflictivas acerca de la invasiva (y colonial) presencia humana en el ámbito natural.

Inmerso en el paciente trabajo de la recolección de imágenes, cuya procedencia comprende desde archivos digitales de distintas fuentes accesibles, hasta otras que bien han sido tomadas como objeto físico, prescribo el sentido de las mismas construyendo así un nuevo discurso sobre la extorsión animal. Discurso que, al mismo tiempo, afecta el terreno del arte en la medida que mi ejercicio de yuxtaposición, de superposición y de solapamiento, dialoga con esas estrategias tan recurrentes dentro del ámbito de la estética posmoderna, que supone un rebasamiento de algunos conceptos tradicionales del propio arte.

Es, desde este acercamiento premeditado, que ensayo la creación de distintas especies híbridas e imágenes imposibles, en muchos casos iconografía acomodada en el imaginario popular, desde las que consigo articular un comentario crítico que afecta a múltiples planos en lo concerniente al sentido y dimensión conceptual de mi propuesta: desde la invasiva presencia humana en la naturaleza a la clonación de especies en la biotecnología; del extrañamiento como mecanismo de llamada de atención en los medios al análisis de los códigos del dibujo científico, el lenguaje fotográfico, o de la viñeta; de la manipulación de la imagen con los medios más actuales a la sostenibilidad (también permanencia) de los recursos tradicionales. Lejos de transmitir un mensaje apocalíptico o verdades absolutas, estos seres, estas “nuevas ontologías”, generan reacciones contrapuestas (repulsión, gracia, curiosidad) y, sobre todo, proyectan diferentes interpretaciones llenas de matices que toca al espectador discernirlas a tenor de su competencia y eficacia visual.

A mitad de camino entre la realidad y la ficción, se (re)crea un conjunto de piezas que perfectamente tendrían cabida en un “actualizado” gabinete pseudo-científico, descendiente de los cuartos de maravillas en los que, durante los siglos XVI y XVII, se coleccionaban y presentaban una multitud de objetos extraños, para esa sed de exotismo tan propia del sujeto occidental. Este juego entre lo que parece “verídico” o depende de una “ficción más especulativa”, resulta uno de los guiños fundamentales a partir del cual disfruto la organización de mi obra entre su formulación en el estudio y su recepción pública.

Sirviéndome de procedimientos digitales y artesanales, en tanto que no abandono el uso del dibujo, la pintura por medio del gouache, acrílico o lápiz de color, trato siempre de evidenciar la relación “casi siempre conflictiva” entre el hombre y la naturaleza. La percepción de ésta última como algo extraño, ajeno, objeto de estudio, de manipulación y/o campo de injerencia.

De todo ello resulta una cartografía de imágenes paradójicas y a la vez trampas visuales, donde se establece un juego con esa línea de ambigüedad que hay entre lo que conocemos y lo que desconocemos, entre lo que es real y lo que sólo parece.

Mi obra, en resumen, es una síntesis (según mi particular manera de ver) de mecanismos y estrategias que se tersan en la tríada realidad-ficción y simulacro.